Restaurantes / Barcelona / Ginnan
Restaurante Ginnan
Abierto en: 2025
Carrer d'Aragó, 191, Barcelona
Barcelona
Bistró de Chunlin Yu en el Eixample que cruza la tradición china con el recetario catalán: brasa, platos al centro y carta corta.
Media vida en China, media en Barcelona. Esa es la cuenta de Chunlin Yu, el cocinero que llegó a la ciudad siendo adolescente y que firma Ginnan, su proyecto personal en el número 191 de la calle Aragó, en el Eixample. El restaurante nació con otro nombre, Gingko, y tuvo que cambiarlo porque coincidía con el de un establecimiento de Madrid. Según la crónica de Observación Gastronómica de julio de 2025, llevaba entonces unos nueve meses abierto, lo que sitúa el estreno hacia el otoño de 2024; los preparativos, cuenta la casa, empezaron en 2023. Sigue abierto.
El currículum ayuda a entender la mesa. Yu empezó estudiando pastelería en un centro público de Calella, se formó después en cocina salada en la escuela Hofmann de Barcelona, donde con el tiempo también dio clase, y pasó por Lluerna, el restaurante con estrella de Santa Coloma de Gramenet, por la casa de Paco Roncero en Madrid y por Gresca. La cocina china de su infancia la ha reconstruido en buena parte por su cuenta, investigando recetas tradicionales. Le acompañan el segundo de cocina Jesse van Buuren, de origen neerlandés, y Guillem Capmany al frente de la sala.
Ni restaurante chino ni casa de comidas catalana. La propuesta cruza las dos tradiciones con técnica de alta cocina, producto local y mucha brasa, en una carta corta pensada para compartir al centro, de modo que lo sensato es ir al menos dos y pedir varios platos. La prensa ha descrito la oreja de cerdo a la brasa con pepino encurtido, una masa de taro con ostra y guiso de kimchi, la berenjena dorada con glaseado agripicante, un guiso de tendones con habitas y pil-pil de bacalao, otro de alubias con navajas y colmenillas, el flan de guisante ahumado, el picantón marinado a la brasa o la caballa al fuego. Observación Gastronómica sumaba una panceta china especiada con alioli, una royal de berberechos, un pichón joven a la parrilla y un cabracho con fideos de konjac, calabaza y endibia. Sobre el papel, la oreja y el guiso de tendones con pil-pil son los platos que mejor resumen el cruce.
Los postres siguen el mismo diálogo: un rollo de arroz glutinoso con helado de judía negra o de praliné y un helado de osmanto con coco. La crítica ha hablado de bistronomía en estado puro, y la etiqueta encaja: cocina personal, de autor sin ceremonia, construida a partir del recorrido de quien la firma.
Los precios acompañan. Los platos se mueven aproximadamente entre los cinco y los veinticinco euros, y las fuentes sitúan el gasto medio entre treinta y cinco y cincuenta euros por persona, una horquilla razonable para este nivel en el Eixample. El comedor es largo y estrecho, y la cocina, diminuta. Eso da intimidad y limita el aforo, así que conviene reservar con días de antelación para la cena del viernes o el sábado. Abre de martes a sábado en dos servicios, de 13:00 a 15:30 y de 20:00 a 22:30, y cierra domingos y lunes. El mediodía entre semana es, probablemente, el momento más fácil para conseguir sitio.






