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Restaurante Cierzo
Abierto en: 2017
Carrer de Bailen, 56, Barcelona
Mediterraneo · 9.6/10 (971 opiniones)
Barcelona
Casa pequeña del aragonés Adrián Rubio en la Dreta de l'Eixample, con un menú de mediodía distinto cada día y cenas de cocina viajera.
El cierzo es el viento que baja del Pirineo y barre la tierra de Adrián Rubio, nacido en 1980 en Tarazona, en la provincia de Zaragoza. También es el nombre del restaurante que abrió en la primavera de 2017 en el número 56 de la calle de Bailèn, en la Dreta de l'Eixample. Rubio lo eligió, según contó a Culinary Backstreets, como símbolo de la tenacidad y la inventiva que exige sacar adelante un restaurante pequeño y propio. Antes de instalarse en Barcelona se curtió en cocinas de batalla más que en casas condecoradas, pasó por Londres y se ha formado a base de cursos y lecturas sobre las cocinas que le interesan.
Lo que ha hecho famoso a Cierzo es el menú de mediodía, distinto cada día. Rubio no trabaja con carta fija a la hora de comer: diseña recetas nuevas a diario y apenas repite. Algunas guías calculan que lleva ya más de mil menús distintos. Se elige entre dos primeros y dos segundos, con postre, y en sus primeros años costaba 12,50 euros (otras guías hablan de 15), con una copa de vino incluida. La base es mediterránea y de temporada, con brisas sudamericanas y asiáticas aplicadas sin purismo. Para quien trabaja en el Eixample, es de esos menús por los que merece la pena cambiar de ruta; eso sí, conviene llegar pronto o reservar.
El blog La cocina de los valientes dejó en 2019 una buena muestra de lo que sale de esa cocina. A mediodía reseñó una pasta con brócoli, ajo frito, anchoa y parmesano, una hamburguesa de atún, un tartar de tomate, remolacha y aguacate, pollo al romero con patatas en dados o un salmonete frito con alioli de tinta y cítricos. Por la noche la cosa se pone ambiciosa: croqueta de calamar en su tinta, bravas confitadas y luego fritas, sobrasada ibérica con miel y queso fresco sobre pan carasau, pulpo gallego tropical a la brasa con causa limeña y emulsión de ají, tiradito de atún curado con teriyaki y crema de aguacate, bao al vapor de paletilla de cordero con kimchi y shiitake, y bacalao con costra de aceituna negra y salsa de cebolla, naranja, jengibre y miel. De postre, un bizcocho de limón y un juego de chocolate, aceite y pan tostado. En otras referencias aparece el ternasco de Aragón, guiño a la tierra del cocinero. Si aparece en el menú del día, ya sabes qué pedir.
Pequeño e íntimo, con un altillo. En sus inicios funcionaba casi con dos personas, el cocinero en los fogones y alguien en sala. Esa escala explica el horario. Según Culinary Backstreets, las comidas van de lunes a viernes de 13 a 16.30 horas y las cenas se limitan a jueves y viernes, de 21 a 23.30 horas, aunque otras guías amplían el mediodía al sábado y la cena también a ese día. Conviene confirmarlo antes de ir, sobre todo si el plan es nocturno.
El menú de mediodía sigue siendo el gran argumento. Una cena sin vino rondaba los 20 o 25 euros según el blog, y las guías más recientes hablan de un ticket medio de unos 30 euros. Precios de barrio para una cocina de autor sin ínfulas. Las reservas se hacen por teléfono o en su web, que también admite eventos privados. En una zona donde abundan las aperturas con relato, como Franca, la casa catalana de tres cocineros jóvenes en el Eixample Dret, Cierzo sigue siendo la opción discreta del vecino que cocina cada día algo distinto.






