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Restaurante Assalto
Abierto en: Febrero 2024
Carrer Nou de la Rambla, 44, Barcelona
Barcelona
Bar de vinos del Raval convertido en restaurante de autor por Matteo Bertozzi: unas 200 referencias de subasta, sakes y bravas de cuatro cocciones.
Bertozzi quería un bar de vinos con algunos platos. Él mismo reconoce que se le fue de las manos. Assalto abrió en febrero de 2024 en el número 44 de la calle Nou de la Rambla, en el Raval, como segundo proyecto en el barrio del chef italiano Matteo Bertozzi, el de My Fucking Restaurant, que queda en la misma calle. En pocos meses aquel sitio relajado se convirtió en un restaurante de autor con alma de bodega, que es exactamente lo que Barcelona no esperaba de un bar de vinos. Luego llegó el giro: en julio de 2025 Time Out contó que Bertozzi había vendido su parte de My Fucking Restaurant y de Assalto para abrir Atipical en Poblenou. Quién firma hoy la cocina no se ha comunicado.
La bodega es el primer motivo para venir. Unas 200 referencias que Bertozzi reunió en subastas y entre particulares, con grands crus y botellas de productores casi desconocidos, mucho vino natural, ecológico y biodinámico catalán, español e internacional, sin desdeñar los clásicos. Hay también grandes sakes, ediciones limitadas de whisky y un vermut propio hecho con Carles Bonnin, de La Destilateca, a partir del agua de cocción de los berberechos. Suena raro. Es coherente con la filosofía de residuo cero que atraviesa la casa. Las botellas se pueden beber allí o comprar para llevar, y Time Out lo destacó precisamente por vinos imposibles de encontrar en otra parte de la ciudad.
La cocina parte del recetario mediterráneo y lo desarma. El pan con tomate se transforma en un puré de tomate cocinado doce horas sobre pan de Pa de Kilo. Las bravas pasan por cuatro cocciones y llegan coronadas con ensaladilla de gamba roja o con furikake y algas. El steak tartar lleva pan de gamba, pilpil de ostras, rábano picante y berros. Por la carta han pasado una berenjena china braseada con salsa de cacahuete y kimchi casero, una ostra frita con mayonesa de boniato y salsa de salicornia, una lubina con adobo granadino, una corvina rebozada en maíz con chutney de cilantro y un falso risotto de setas con trufa hecho solo con almidón de arroz. De postre, arroz con leche con tapioca. Kimchis, garums y rábanos picantes sirven para que el sabor cambie mientras masticas, un truco muy de la etapa de Bertozzi. Si solo pides una cosa y siguen en la carta, que sean las bravas: resumen la casa en un bocado.
El local ocupa entresuelo y sótano, con vistas a un pequeño patio interior y paredes en verde bosque. La barra de la entrada era el sitio que había que pedir, porque Bertozzi cocinaba delante y conversaba con quien se sentaba; tras su salida, conviene preguntar si la cocina sigue a la vista. Al fondo hay un comedor más formal y un salón privado, y en el sótano una bodega de origen medieval que la casa preveía habilitar. El precio medio ronda los 40 euros por persona, razonable para el nivel de cocina, aunque una botella de subasta puede cambiar la cuenta por completo.
Abre de martes a sábado, de 12 del mediodía a 12 de la noche sin cortes, lo que permite usarlo para casi todo: un vermut, una comida tardía, un picoteo de media tarde o una cena larga. Gastronomistas lo saludó como la nueva referencia del buen comer y el buen beber de Barcelona. Es una exageración simpática. Pero el formato continuo y la barra lo hacen muy útil para quien come solo o llega a deshoras.
Para dos amigos que saben de vino, es un plan de primera. Para una familia con niños o quien busque mantel y silencio, mejor en otro sitio. En la zona del Raval y del Gòtic hay alternativas de cocina catalana como Finorri o la reapertura de Antic Pitarra, y en el entorno de la galería Picasso la cocina mediterránea de Xeixa, pero ninguna combina bodega de subasta y cocina de autor en formato de barra como Assalto.






