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Restaurante Roostiq Bar
Abierto en: Diciembre 2024
Calle del Barquillo, 40, Justicia, Madrid
Madrid
Bar-restaurante de Zoilo Álvarez en Justicia: brasa con producto de sus fincas de Ávila, más de 700 vinos con peso de Borgoña y Champagne y coctelería de autor.
Más de 700 referencias. Es el primer dato que conviene saber de Roostiq Bar, que abrió el 4 de diciembre de 2024 en el número 40 de la calle del Barquillo, en el barrio de Justicia. Es la tercera pieza del proyecto de Zoilo Álvarez, que en 2018 había abierto Roostiq en la calle de Augusto Figueroa y después Roostiq Marbella. Su idea declarada: recuperar el bar de toda la vida, un sitio para comer y beber a cualquier hora sin la rigidez de los turnos, pero con la parte líquida a un nivel poco habitual en Madrid y la exigencia de producto de la casa madre, sin aditivos artificiales. Con él trabajan Pablo Sánchez como jefe de sala y sumiller, Gabriel González como bar manager y Raquel Álvarez en la pastelería.
La bodega es el argumento principal. Borgoña y Champagne mandan, con etiquetas como Dom Pérignon, Krug o Moët & Chandon, premiers crus borgoñones y una colección vertical de añadas de Vega Sicilia; por copas, desde 5 €. La barra suma más de 300 destilados, sobre todo tequilas, mezcales y whiskies, y una carta de más de un centenar de cócteles a unos 15 € de media. Entre ellos, el Seaside Martini, el Bloody Mary de Tomate 38, hecho con tomates de la finca propia, la Oveja Negra de brandy y chocolate o un Boletus Old Fashioned. Si vas solo, siéntate en la barra y empieza por ese Bloody Mary, el cóctel que mejor conecta con la cocina.
La cocina sigue la filosofía de la casa madre. El producto llega sobre todo de dos fincas ecológicas de Ávila, con huerta, ganadería en extensivo y razas porcinas autóctonas, y se trabaja con fuego, brasa y humo. En la carta: torreznos ahumados (17 €), cogollos a la brasa (19 €), croquetas de jamón y de pollo (15 €), ensaladilla con gamba de Huelva (14 €), ostras de importación, gamba blanca, tartares, jamón ibérico, una ensalada César con kale de la finca, marisco y verduras a la brasa, carnes maduradas y pescados a la leña. Para la barra hay dos bocados, el Sando de solomillo y la Burger Bar de vaca cachena gallega con torreznos y Comté. Ojo con la cuenta. Unos torreznos a 17 € quedan lejos del bar de toda la vida que se reivindica.
Los postres de Raquel Álvarez incluyen la cheesecake Roostiq, un milhojas de merengue y una tarta de chocolate y avellana (10 €). El ticket medio ronda los 50 €; con una botella de la parte noble de la bodega, la cuenta cambia de escala. ¿Compensa? Para una cena larga con buen vino, sí. Para tapear barato por Chueca, hay opciones más sensatas.
El interiorismo es del estudio Astet: colores oscuros, mesas bajas, iluminación tenue y una barra central que exhibe buena parte de las botellas, a medio camino entre restaurante y bar americano. Caben unas 100 personas, y el local se concibe como un espacio que une gastronomía y cultura de los destilados. La cocina funciona sin cortes de 13:15 a medianoche y la barra sigue abierta hasta las 2:00, los siete días de la semana, de modo que se puede pasar del aperitivo a la cena y a la copa sin cambiar de mesa. Un horario a tener en cuenta: la media tarde, ya que la cocina no cierra entre comida y cena.
La ubicación tampoco es casual. Roostiq se instala entre Chueca, Alonso Martínez y el eje de Génova, una de las zonas de la capital con mayor densidad de coctelerías y restaurantes de diseño, con un formato híbrido que junta cocina de producto, gran bodega y coctelería de autor bajo el mismo techo. Para un grupo de amigos que quiere cenar y alargar la noche, encaja. Para una comida rápida de trabajo, el ambiente oscuro y la carta de vinos invitan a otra cosa.






