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Restaurante Casa Mui
Abierto en: Comienzos de 2022
Calle de Puerto Rico 15, Madrid
Madrid
Taberna de barrio en Chamartín con cocina del sudeste asiático de un exSudestada: curry rojo de carrilleras, berenjenas chinas y pad thai a precio contenido.
El curry rojo tailandés de carrilleras de cerdo tarda dos días en hacerse y lleva más de una docena de ingredientes. Es el plato que mejor cuenta de dónde viene Casa Mui: de Sudestada, el desaparecido restaurante mestizo de Madrid que se hizo famoso precisamente por sus curris y en cuya cocina pasó años el venezolano Alberto Álvarez, que también trabajó en Chifa antes de montar casa propia con Ricardo Sanz. El local abrió a comienzos de 2022 en el número 15 de la calle Puerto Rico, local 9, en Chamartín, cerca de Príncipe de Vergara y del metro de Colombia. Cuando Gastroactitud lo reseñó en octubre de ese año llevaba ocho meses funcionando, y ese otoño lo metió en su repaso de estrenos madrileños; poco antes había caído un Solete de la Guía Repsol, en la categoría de Soletes de Barrio 2022, que premia la relación calidad-precio.
El recetario mira al sudeste asiático, sobre todo a Tailandia y Vietnam, con guiños latinos y mediterráneos. Y no rebaja el picante. Junto al curry rojo de la casa hay un curry verde de pargo, rollitos vietnamitas de cerdo y gambas, dumplings de chorizo criollo, berenjenas chinas moradas con salsa de naranja y furikake, fideos crujientes salteados con verduras y tofu y baos de cangrejo de concha blanda. El pad thai, que Koax Magazine colocó entre los mejores de la ciudad, convive con un asado negro de carrilleras de ternera de raíz venezolana, codornices deshuesadas y una hamburguesa de cordero con jengibre. De postre, queso majorero con chutney de higos o crème brûlée. La Guía Repsol lo resume en cinco palabras que sirven de hoja de ruta para pedir: rollitos, curry, berenjenas, pad thai y escabeche.
No hay interiorismo que comentar. Gastroactitud habló de una humilde taberna, una casa de comidas con una cocina pequeña de la que salen platos típicos del sudeste asiático, y la descripción del espacio lo confirma: una barra para dos o tres personas, una mesa junto a la entrada y un salón al fondo con cuatro mesas más, unas diez en total, además de una terraza de verano sin climatizar. Decoración austera. Todo el peso cae en el plato. Con tan pocas mesas, reservar es casi obligatorio para la cena del fin de semana, y la terraza tiene sentido solo cuando el calor de Madrid lo permite. Hay comida para llevar y se admiten mascotas.
Los precios son la otra mitad del argumento. Entre semana hay menú de mediodía a 13,50 euros, y a la carta el gasto medio se mueve entre 25 y 35 euros, una franja rara en Madrid para cocina asiática hecha con este criterio, en una ciudad que durante décadas osciló entre el chino de barrio y el asiático de fusión de precio alto. Para un oficinista de la zona, el menú es el mejor plan; para conocer la casa, conviene ir a la carta y compartir. La crítica de Gastroactitud fue matizada, con reparos al espacio, pero reconoció el nivel de la cocina y, en particular, el de los curris.
Está lejos de los circuitos del centro, y eso le sienta bien. Casa Mui vive de la clientela de proximidad y encaja en un movimiento que ha cogido fuerza en la capital desde 2020: locales pequeños, llevados por cocineros formados en casas de referencia, que trabajan una cocina regional concreta en lugar del asiático genérico y cobran lo justo para que se pueda volver a menudo. En el mismo entorno, Huacatay sirve cocina peruana de barrio junto a la plaza de Colombia y El Lince, de Javi Estévez, hace taberna castiza en Príncipe de Vergara. Tres formas distintas de comer bien en Chamartín sin cruzar media ciudad.






