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Restaurante Gula Bar
Abierto en: Noviembre 2018
Carrer del Doctor Rizal, 20, Gràcia, Barcelona
Barrio: Gràcia
Barcelona
Gastrobar de tapas creativas con cocina a la vista en una calle peatonal de Gràcia, hermano pequeño e informal de Santa Gula.
Bikini de rabo de buey al estilo vietnamita. Si un plato resume Gula Bar, es ese: una tapa de bar catalán pasada por otra cocina y servida sin solemnidad. El local abrió en noviembre de 2018 en el número 20 del Carrer del Doctor Rizal, una calle peatonal y tranquila de Gràcia muy cerca de la confluencia de Via Augusta con la Diagonal, y sigue abierto. Nació como el hermano pequeño, y algo rebelde, de Santa Gula, el restaurante vecino de los mismos propietarios, Martín Marchese y Xavi Grau.
Comparten familia, pero poco más, según subrayan las guías de la ciudad. Gula Bar se planteó desde el principio como bar de tapas creativas en un ambiente informal, con una decoración de aire industrial y desenfadado. La idea es tomar el formato de la tapa tradicional y pasarlo por técnicas modernas e ingredientes viajeros, de modo que sabores de distintos países se mezclan con producto local. Platillos para compartir, guiños catalanes y referencias asiáticas, latinoamericanas o andaluzas.
Las croquetas de bacalao a la llauna abren la lista que más repiten las guías. Siguen la crema catalana de maíz con foie curado y avellanas tostadas, el nigiri de aguacate en tempura con ventresca de atún y ajo negro, los puerros confitados con romesco de kimchi o con crema de queso de cabra, los mejillones de roca en escabeche de yuzu y el bikini ya citado. Otro clásico es el bollo de calamar a la andaluza con coco y sriracha. Después vienen un tartar de langostinos con rebozado de ajo de Calaf y yema melosa, las gambas en gabardina con salsa de naranja picante, el pulpo con hummus de berenjena y mojo picón de Cabrales y una burrata con setas, castañas y boniatos. Para una primera vez, el bikini y el bollo de calamar son la apuesta segura; la crema catalana de maíz con foie, la más discutible, y también la más divertida.
La Pantera Rosa es el postre que más se nombra: chocolate blanco, rosas y frambuesas guisadas. Hay además un postre de maíz con helado de mantequilla salada y una mousse de chocolate picante. En cuanto al ticket, la guía Qué se cuece en BCN situaba los platillos entre 5 y 12 euros y el total entre 30 y 40 euros por persona con bebida, mientras que directorios como BCN Restaurantes hablan de unos 25 euros de media. La diferencia depende, sobre todo, de cuántas rondas se pidan.
Pequeño y relajado. El espacio tiene varias mesitas, una mesa más grande al fondo y una cocina totalmente a la vista, de manera que desde cualquier punto de la sala se sigue el trabajo de los cocineros. Qué se cuece en BCN lo recomendó en 2019 como buena opción para primeras citas, y la casa ha ofrecido también formatos de vermut y afterwork, aprovechando la calma de una calle sin tráfico. Para un grupo grande conviene pedir la mesa del fondo al reservar; para dos, cualquier mesita con vista a la cocina.
Los horarios han cambiado con los años. Al principio se anunciaban comidas y cenas de martes a domingo, y reseñas posteriores recogen un servicio diario de 13:00 a 16:00 y de 20:00 a 23:00, así que lo sensato es comprobarlo antes de ir. Las paradas más cercanas son Diagonal, en las líneas 3 y 5 del metro, y Gràcia, de los Ferrocarrils. En un barrio con tantos bares de tapas de autor como Gràcia, Gula Bar no es el más ambicioso, pero sí uno de los más coherentes en su papel: picar con ingenio sin pagar como en un restaurante de mantel.






