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Restaurante Fukamura
Abierto en: Principios de 2016
Carrer de Còrsega, 479, Gràcia, Barcelona
Barrio: Gràcia
Barcelona
Omakase de sushi edomae del chef Daisuke Fukamura en una barra de siete asientos en la calle Còrsega, solo con reserva previa.
Fukamura abrió en abril de 2016 en el número 479 de la calle Còrsega, a pocas calles de la Sagrada Familia, como primer restaurante propio de Daisuke Fukamura. Nacido en Tokio en 1981, el cocinero se formó en Asakusa Sushi Sei, una casa de sushi del barrio de Asakusa con más de un siglo de historia. Llegó a Barcelona en 2007 y durante casi una década afinó la técnica en algunas de las barras japonesas más respetadas de la ciudad: Koy Shunka, con estrella Michelin, Espai Kru, Icho y Shibui. Según El Nacional, en 2009 ya había adaptado a un estilo mediterráneo el rainbow roll, una pieza de fusión de origen estadounidense. Curioso, para alguien que hoy defiende justo lo contrario de la fusión.
La primera etapa fue otra cosa. Fukamura funcionaba como japonés de carta y precios contenidos, con un gasto medio que El Nacional situaba entre 15 y 25 euros por persona: mucho sashimi y nigiri, tartar de salmón de tres colores, tataki de atún con verduras de temporada, yakisoba de mar y montaña, pollo karaage o tacos de solomillo de ternera con shiitake salteado. Un japonés de barrio cuidado. Nada que ver con lo que vino después.
En 2025 el restaurante cambió de piel. Reabrió como barra de omakase, el formato en el que el cliente deja en manos del chef cada pieza según el producto del día, y Fukamura explicó el giro diciendo que había llegado el momento de cocinar como realmente quería: sin carta, con libertad absoluta y con el mejor producto disponible. Su lema para esta etapa es buscar la emoción desde la sencillez antes que la sorpresa. El menú, de unos catorce pases según Muy Japonés, gira alrededor del nigiri edomae, con el pescado tratado con precisión y el arroz servido templado, y se completa con caldos a partir de ichiban dashi y producto mediterráneo de temporada. Entre las piezas reseñadas figuran el calamar con erizo, la vieira de Hokkaido, la dorada, la caballa, la gamba roja, la lubina, el atún y la anguila, además de un solomillo de ternera con shiitake, panceta ibérica, sopa de miso y un final de fruta de temporada con mini mochi.
La web fija el omakase en 95 euros por persona, y el maridaje de sakes lo firma el sumiller Roger Ortuño. Si se quiere vigilar la cuenta, el maridaje es lo que conviene pensarse dos veces; el sentido del sitio está en el nigiri. La reforma del local corrió a cargo de Salvà Ortín Arquitectes, que diseñaron un espacio minimalista y recogido de inspiración japonesa con tres materiales, madera, acero y cemento, y una luz tenue concentrada sobre la barra. Solo siete asientos, una cifra pensada para mantener la cercanía con el chef y un servicio sin prisas.
Solo se entra con reserva. Según su web, hay dos turnos de cena de martes a sábado, a las 19:30 y a las 21:30, y uno de mediodía los domingos a las 13:00. Las reservas van por teléfono o por correo electrónico. Con siete plazas, conviene planificar con tiempo y elegir turno pensando en el ritmo: el segundo deja la noche abierta, el del domingo convierte el omakase en una comida larga. Es una barra para una pareja o para alguien que viene solo a ver trabajar al maestro; un grupo ruidoso no tiene sitio aquí. El restaurante sigue en su dirección de siempre, en el límite entre Gràcia y la Sagrada Familia.






