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Restaurante Taberna Chiripa
Abierto en: 2025
C. de Espartinas, 6
Madrid
Taberna castiza de cocina de raíz madrileña junto al Retiro, en la calle Espartinas, con el joven chef David Blázquez y bodega de pequeños productores.
Taberna Chiripa abrió en marzo de 2025 en el número 6 de la calle Espartinas, una vía corta entre Alcalá y Príncipe de Vergara, a dos pasos del Retiro, en el local que antes ocupó Taberna Verdejo. Sigue abierta. Es el proyecto de dos amigos aficionados a la gastronomía, Manuel Figueroa y Roberto Fuentes, que atienden personalmente la sala, y de un cocinero muy joven, David Blázquez, que llegó con 25 años y un currículum poco común para su edad: Lera, en Castroverde de Campos, Umiko y Bom Amb. Los socios resumen la intención en una frase, que lo de siempre sepa como nunca, y en un lema de guiño, Make Espartinas Great Again, con el que aspiran a devolver a la calle el prestigio gastronómico que tuvo.
Cocina castiza y de raíz mediterránea, técnica contenida y sabores reconocibles. La carta es breve y está pensada al milímetro: ajoblanco de almendra marcona con quisquillas, el Bocado Chiripa de oreja y careta de cerdo crujientes, anguila ahumada, atún en escabeche, gazpacho de tomate ahumado, ravioli de bacalao, figatell marino de rape, calamar y piñones, mollejas a la brasa, callos de la casa y una pastela de codorniz en pepitoria que se presenta como homenaje a Madrid. De postre, una tarta de limón reinterpretada y peras al vino. Blázquez entiende la cocina como un ejercicio de memoria y respeto que admite revisión y estilo propio, y eso se traduce en platos populares con acabado fino. El figatell, la albóndiga alargada de la cocina valenciana, se convierte aquí en versión marina; la pepitoria, salsa de las abuelas madrileñas, envuelve una codorniz dentro de una pastela; los callos se sirven como plato de la casa y no como concesión al turista. Si hay que elegir dos platos, la pastela de codorniz y los callos: ahí está toda la tesis.
La bodega suma 47 referencias centradas en pequeños productores y etiquetas con personalidad, con generosos, blancos, tintos y espumosos. El precio medio va de 45 a 50 euros por persona, bebida aparte. Cifra contenida. Para la zona, y para el producto que maneja la cocina, la relación es razonable; con vino, la cuenta sube, pero los generosos son una buena excusa para ir a copas.
El local es modesto en tamaño, un salón luminoso con mesas vestidas de mantel y una estética cuidada que huye de los tópicos de la taberna de cartel y azulejo sin renunciar a su espíritu. Las mesas, según algunas reseñas, están algo juntas. La cercanía de los propietarios en sala forma parte del plan: Manu y Roberto explican los platos y la bodega mesa por mesa. Chiripa cierra domingos y lunes y abre de martes a sábado en comidas y cenas; con un aforo tan reducido, conviene reservar con antelación. En su primer año entró en la Guía Macarfi 2025. Va bien para una comida en pareja o una cena de vinos; para un grupo grande, el salón se queda corto.
La calle Espartinas, en el límite entre los barrios de Salamanca y Retiro, llegó a concentrar varias direcciones gastronómicas de referencia antes de perder fuelle, y la prensa madrileña leyó la llegada de Chiripa como el intento más serio de recuperar ese pasado. Para el visitante, queda a cinco minutos a pie de la Puerta de Alcalá y de la entrada al Retiro por la calle de O'Donnell, lo que la convierte en una buena comida después de un paseo por el parque.






