Restaurantes / Sevilla / Casa Marciano
Restaurante Casa Marciano
Abierto en: Septiembre 2025
Calle Reyes Católicos, 25 (Hotel Lobby), 41001 Sevilla
Sevilla
Taberna de Grupo Trifulca en el Arenal que recupera el nombre del histórico ultramarinos Casa Marciano (1928-1991), con chacinas, aliños, guisos y vinos de Jerez.
Una pata de jamón de 18,5 kilos y más de un metro de largo. Ese era uno de los reclamos del viejo Casa Marciano, el ultramarinos legendario que Marciano Díaz fundó en la calle Lineros en 1928 (alguna fuente dice 1929) y que en 1938 se amplió al número contiguo. Vendía conservas, legumbres, jamones, chacinas, aceitunas, quesos, licores y condimentos, mazapanes y turrones en Navidad, e incluso tejidos. Tenía un mostrador de madera en forma de Z con encimera de mármol y unas lámparas que resumían la historia del alumbrado, del gas al fluorescente. Cerró en 1991, tras la muerte del fundador y de su viuda, Ana Martínez Calderón.
El nombre volvió en septiembre de 2025, más de tres décadas después, a otra dirección: la calle Reyes Católicos, 25, esquina con el Paseo de Colón, en la planta baja del Hotel Lobby y frente al puente de Triana. Detrás está Grupo Trifulca, la división de restauración de la sevillana Factoría Serendipia, que se dedica a rescatar negocios de la memoria de la ciudad y adaptarlos al presente. El nuevo Casa Marciano no es una tienda. Es una taberna que homenajea a la antigua abacería y a las tabernas de siempre, con la cerveza y los vinos de Jerez como protagonistas. Sigue abierta.
Dos plantas, dos tonos. Abajo, una barra central de madera y mármol evoca los mostradores de ultramarinos, entre estanterías altas con tarros y botellas, ladrillo blanco visto, madera y cerámica andaluza, y en la esquina se abre una terraza en L con mesas altas. Arriba todo se vuelve más teatral, con techos bajos, rincones recogidos, cabezas de toro, carteles taurinos enmarcados y fotografías en blanco y negro de Sevilla. Para tapear rápido, la barra; para una conversación sin prisa, la planta superior.
La carta sigue el orden del tapeo clásico. Para picar, chicharrones fritos a 4,90 €. En salazones y ahumados, mojama de Herpac, anchoas en mariposa y mejillones en escabeche, más el laterío de Los Peperetes. Los aliños traen piriñaca con ventresca y papas aliñás de Sanlúcar, y entre los clásicos aparecen la ensaladilla, a 2,90 € la tapa, las croquetas de lomito ibérico, los boquerones al limón, los taquitos de choco de trasmallo y los soldaditos de Pavía de bacalao. Los guisos van de la carrillada ibérica a las espinacas con garbanzos, las pochas con costillas o el tomate frito con patatas y huevo. En carnes, pollo frito, pincho moruno, flamenquín de serranito y solomillo al whisky. Postres caseros: leche frita, flan de queso y tocino de cielo. A juzgar por la carta, la ensaladilla y unas espinacas bastan para entender la casa sin arruinarse.
Las guías sitúan el gasto entre 10 y 20 euros por persona, una cifra rara a dos pasos del río y de la zona más turística del Arenal. La bodega reúne referencias andaluzas y nacionales. Abre para comidas y cenas y cierra los lunes. No admite reservas: barra y terraza funcionan por orden de llegada, así que a la hora punta del almuerzo sevillano conviene llegar antes de que se llene o resignarse a esperar de pie con una caña.


